En los primeros 20 minutos de su visionado
el espectador luce confuso y en cierta manera desesperado al no saber que hace
una joven y su hijo conviviendo en un pequeño cuarto sin contacto con el mundo
exterior, su único enlace es un hombre que aparece cada cierto tiempo para
traer suministros y tener sexo con la chica mientras su pequeño hijo debe
permanecer oculto en un closet, la incertidumbre se va despejando a medida que
la trama avanza donde la madre por medio de su hijo planifica la salida del
infante de 5 años quien nació dentro del cuarto y solo conoce lo que hay afuera
a través de lo que ve en un televisor que poseen a su disposición.
La trama de Room se desarrolla en
dos partes: el cautiverio y el angustioso escape del niño para luego una vez
madre e hijo afuera se enfrenten a la reinserción en la sociedad, pero sobre
todo del niño, el cual ve con asombro el mundo que ha descubierto y que le fue
privado desde su nacimiento hasta los 5 años con que cuenta cuando los sucesos
han entrado en escena.
Es en este segundo tramo donde se
afinca el horizonte de la cinta, el efecto post traumático de ambos, una madre
que debe enfrentarse después de 7 años en la oscuridad al inclemente acecho de
los medios televisivos que de la tragedia proyectan un verdadero espectáculo de
circo con muy mal gusto mientras sus padres se dividen al uno no tener el
coraje de aceptar el abominable hecho y sus consecuencias y el otro tratara de hacer
lo que este a su alcance para que su hija y su nieto se rencuentren
emocionalmente y logren vivir en máxima plenitud de felicidad el tiempo todavía
extenso que seguro les depara la vida.
Room es una obra canadiense profundamente
humana, muy bien dirigida y magistralmente contada sobre todo desde la óptica del
niño, su inocencia depara tensión en su visionado, porque uno sabe lo que esta
ocurriendo, pero también uno sabe que el niño solo tiene una percepción intuitiva
de la dinámica que se da a su alrededor, al final como la vida misma los
episodios traumáticos siempre nos acompañaran pero el tiempo cicatriza y nos
hace seguir adelante.
Promocionada como la octava cinta
de Quentin Tarantino cuando realmente es la novena (parece que deja por fuera su colaboracion junto a Robert Rodriguez con
Death Proof su largo incluido en Grindhouse), es la segunda incursión en
el western del niño travieso de Hollywood. Una de las novedades destacables es
la utilización de música original para la película compuesta por Ennio Morricone (El bueno, ElMalo y El Feo),del cual Tarantino utilizo en sus previas cintas su música compuesta
para otras obras incluyendo las de el legendario Sergio Leone, padre del Western Espagueti e influencia innegable en la excelente Djangoy ahora en esta muy esperada nueva propuesta tarantinesca
como lo es The Hateful Eight o Los Ocho Mas Odiosos que es su titulo escogido traducido
al español.
Tarantino escoge filmar en 75mm
para obtener una gran vista panorámica aunque todavía no veo la diferencia si
lo hubiese hecho en 35mm ya que la mayoría del metraje transcurre dentro de una
cabaña apartada en una zona montañosa y gélida, se me hace que Tarantino escoge
el 75mm como una manera mas de rendir
homenaje a sus películas que lo influenciaron de niño y que en su momento se
estrenaron bajo ese novedoso formato fotográfico.
De nuevo Tarantino repite con un
lote de actores que ya han trabajado con el y con los cuales parece que se
siente muy cómodo y a decir verdad hasta ahora les ha funcionado muy bien,
entre ellos Samuel L Jackson como el
mayor Marquis Warren, Kurt Russellcomo John The Hangman y el ingles Tim Roth, la novedad actoral recae en Jennifer Jason Leigh, actriz olvidada
por la meca del cine y que aquí recupera Tarantino dándole posiblemente su
mejor rol como la delincuente Daisy Domergue, Jennifer ya se vaticina como una
de las favoritas a competir en la categoría de actriz de reparto por las premiaciones
del 2016.
En The Hateful Eight el celebre
cineasta y escritor coloca a ocho detestables personajes en una casa de
albergue en espera de que una terrible tormenta de nieve pase, las miradas se
centran en el caza recompensas John The Hangman (Russell) quien lleva a la
horca a la peligrosa Daisy Domergue (Jennifer Leigh) y que cobrara por su entrega
la nada despreciable suma de 10.000 dólares, entre los ochos también se
encuentran otro caza recompensa y militar retirado, el mayor Marquis Warren
(Samuel Jackson) quien también va entregar a dos fugitivos pero ya abatidos y cierra
un pacto de ayuda mutua en caso de que los otros cinco desconocidos con los
cuales convivirán por algunas horas intenten despojarlos de sus respectivos
botines y así cobrar la añorada recompensa.
Tarantino de nuevo segmenta la
cinta en seis capítulos y en uno se da el lujo de colocar un narrador en off
que contara y guiara al espectador en detalles que no ha podido presenciar ya
que la obra en cierto nivel funciona como un especie de relato a lo Agatha Christie
en donde todos son sospechosos y se desconoce que motiva a cualquiera de los
personajes a desatar el enfrentamiento que vendrá, pero antes Quentin se toma
medio metraje de una cinta que abarca casi las tres horas para presentarnos a
cada uno de los personajes y armarlos de los potentes y sarcásticos diálogos que
solo el sabe concebir y crear un sentimiento de total antipatía por parte del
espectador de manera tal que este no se solidarice con ninguno, en una
propuesta en donde hay ausencia total de un héroe resulta impredecible saber
quien morirá y quien vivirá, este es el plato fuerte que esta vez nos ofrece el
elaborado guion de Tarantino.
Pero no se desanimen todavia, a pesar de lo algo lento que para algunos pueda parecer la trama, aquellos
que están esperando las sangre, las viseras y la violencia desmedida sello ya
de reconocimiento de Quentin no saldrán defraudados, esto cobra elocuente forma hacia la
segunda mitad de la propuesta, que se vuelve despiadada y toma las características
del western visceral ya presentado por Tarantino en Django.
The Hateful Eight no logra
ubicarse como lo mejor de Tarantino pero si posee todas las características que
debe tener una buena película.
A tan solo un año de haber arrasado
en los Oscars con Birdman, el hijo prodigio de Méjico, Alejandro Iñarritu,
regresa con una cinta que no solo no dejara indiferente a nadie si no que lo
consagra ya definitivamente como uno de los cineastas mas importantes a escala
mundial de este nuevo milenio. Con tan solo visionar los trepidantes primeros 30 minutos de The Revenant entramos en nocion de estar ante una superproducción
impresionante donde la cinematografía y el hábil manejo de la cámara se
convierten en las estrellas de una propuesta que desde ya pasa a los anaqueles
del cine mundial como uno de los mejores relatos presenciados por los
espectadores del séptimo arte.
Esta muy nombrada palabrita “arte” aquí cobra
un significado trascendental en un relato planificado y concebido con el mas
absoluto cuidado a los detalles y subordinado al cine como forma expresiva artística, el nivel de perfección es tal que
no hay una sola toma ni un solo encuadre en todo el metraje del cual no se
pueda extraer un fotograma que sirva como cuadro o poster para ser enmarcado en
cualquier lugar donde la fotografía tenga utilidad, no exagero al decir que
Iñarritu nos regala una obra maestra indestructible, de esas que se almacenan
en la memoria y de allí cuestan que salgan o mejor aun no salgan jamás, The
Revenant nos recuerda el poder del cine, su habilidad de cautivarnos y su
legado inspirador que nos impulsa a crear en cualquier forma de arte en el cual
nos desempeñemos.
Si bien es cierto que lo contado aquí
ya ha sido de una u otra manera abordado en otros relatos, The Revenant es un
western de supervivencia en donde la venganza es el motor principal que impulsa
a su personaje principal a la increíble odisea que vivirá, es allí en esa
odisea en donde Iñarritu marca la diferencia, es en la forma innovadora y
cautivante con unas tomas con infinita profundidad de campo, ingeniosos planos secuencia
que varían en ritmo según la acción que se va presentando y que no persigue a
un personaje especifico si no a todo el suceso integrado que se muestra en
pantalla, el uso acertado de cámaras digitales con lentes gran angulares y
planos contrapicados que prueban que ya se ha alcanzado la textura del rollo fotográfico
convencional y que captan la presencia intimidante y majestuosa de toda la naturaleza que
sirve de escenario a la historia, específicamente en el apartado visual es
donde la cinta se luce y se separa de la mayoría de sus contemporáneas y a gran
distancia, ese gran logro técnico es el que nos coloca ante algo que nunca habíamos
visto de esa manera.
Como una de las mejores escenas
en la historia del cine quedara el temerario ballet de DiCaprio y su temible
oponente Oso, secuencia la cual todavía su realización es mantenida en secreto
por Iñarritu con miras a no desprender de alguna forma la magia y el asombro
que produce al verla una y otra vez.
En lo actoral y con la memoria
fresca en lo que actuaciones masculinas del 2015 se refiere, no encuentro a
nadie que le haga sombra a DiCaprio, prácticamente provisto con pocos diálogos el
actor-estrella trasmite de una manera sublime la angustia, la impotencia, el
desespero, la rabia y el tormento que transitara su personaje a lo largo del
metraje, en buena parte a arrastras e incapacitado, el mismísimo DiCaprio en la
mayoría de las escenas se sometió a las
inclementes condiciones de las gélidas locaciones, incluyendo bañarse en las heladas aguas en donde se filmo la cinta la
cual se repartió entre Canadá y Argentina. Dejar a un lado a Tom Hardy es
absolutamente mezquino, la contraparte actoral de DiCaprio se presenta como su
reflejo oscuro, Hardy quien es de descendencia Australiana asume con veracidad el rol de campesino sureño
pobre e ignorante y desde su primera aparición logra imprimir la antipatía necesaria
para un caracter cuya maldad surge de la
necesidad económica y supervivencia impuesta por los cánones de la época y el
entorno que le toco vivir.
Es prácticamente imposible
ignorar a Iñarritu y a su equipo en las premiaciones por venir,
independientemente de los resultados el realizador se corona de nuevo esta año consecutivamente
en una obra maestra de la cual nadie que ame al cine puede darse el lujo de
escapar, por eso no otorgo ningún tipo de Spoiler, solo corra a verla.